Entendiendo la UPOV91

        Imagina que vas caminando por la vega, la feria o el supermercado y te topas con el inconfundible aroma de las frutillas. Rojas, grandes, fragantes, firmes…irresistibles. Bueno, esa frutilla que todos conocemos no existió jamás en la naturaleza ¿de donde salió, entonces? Es fruto del azar. La frutilla en la que están pensando se llama Fragaria x ananasa y es el resultado del cruce accidental entre dos variedades diferentes de frutillas: la Fragaria virginiana y la Fragaria chiloensis. La Fragaria virginiana es oriunda de américa del norte; es una frutilla muy pequeña, roja y de rico sabor. La Fragaria chiloensis es Chilena; es una frutilla grande, fragante y blanca. Ambas tienen cosas buenas y malas. Si bien la F. virginiana es roja y rica de sabor, es muy pequeña. La F. chiloensis por otro lado es grande, pero su color blanco es poco atractivo y cuando se saca de la mata se pone muy blanda rápidamente. En el siglo XVIII se obtuvo una mezcla de ambas por un cruce accidental entre ellas. La resultante es la Fragaria x ananasa, que por esas cosas de la genética posee lo mejor de las dos: es grande, roja, fragante, de buen sabor y firme. Perfecta. Este proceso, conocido como breeding, es la base de la alimentación humana. Muchas de las frutas y verduras que comemos hoy nunca existieron en la naturaleza. Zanahorias, lechugas, maíz, trigo y otras han sido mejoradas desde hace cientos de años, haciendo cruces dirigidos y seleccionando individuos.
            Este proceso de cruce y selección se conoce con el nombre de mejoramiento genético. Hay genes que son responsables de muchos de los caracteres fenotípicos interesantes que podemos encontrar: si logramos mezclar esos genes en un solo individuo, lo mejoraremos. Es como jugar a las cartas, con varias barajas, y tratar de obtener un poker de ases. Difícil, largo, complejo y costoso.
            Las personas que se dedican a esto se llaman mejoradores o breeders. Gracias a ellos y a programas de mejoramiento como el que tiene el INIA (Instituto Nacional de Investigaciones Agropecuarias) para el trigo, la producción por hectárea en Chile se ha cuadruplicado. Sin el mejoramiento genético la agricultura estaría en la prehistoria.
            Sin embargo, debido a los ciclos reproductivos de algunas plantas, particularmente de los árboles, hacer o crear una nueva variedad y ponerla a punto puede tomar entre 10 a 20 años. Es una cantidad enorme de tiempo y dinero invertido en ello. Como la variedad creada trae grandes beneficios, es esencial que siga habiendo mejoramiento y se sigan creando nuevas variedades. Para incentivar el mejoramiento y la generación de variedades se creó en 1961 la UPOV, un organismo intergubernamental con sede en Ginebra que busca proteger el patrimonio intelectual de los breeders.
UPOV quiere decir Unión para la Protección de las Obtenciones Vegetales y es un organismo que proporciona un marco legal para que los países otorguen derechos de autor sobre las variedades creadas. Por ejemplo, si yo creo una variedad nueva de alcachofa la puedo proteger y durante un período de 20 años soy dueño de mi invención. Puedo obtener de manera exclusiva los beneficios económicos de ella: vendo las semillas sólo yo y todos me la deben comprar a mi. Nadie puede propagar el material vegetal sin mi permiso, ya que es mi invención: esa variedad no existe en la naturaleza. Si alguien usa la variedad previamente existente no me tiene que pagar.
Para certificar que es una variedad que pueda ser protegida, el breeder debe demostrar que su variedad es NUEVA, DIFERENTE, HOMOGENEA y ESTABLE. Hay que aclarar que VARIEDAD no es un descubrimiento o una planta nativa o autóctona: una variedad se obtiene de una mutación, una cruza u otro evento genético, como la transgenia. No se considera variedad a una planta silvestre. Para que sea nueva, además, no tiene que haber sido vendida por el breeder antes de un año de presentar la solicitud, debe ser diferente a las plantas del mismo tipo que ya existen, las plantas derivadas de ellas deben ser parecidas (homogéneas) y el rasgo que las hace diferente del resto debe ser estable en el tiempo y con el paso de las generaciones. En Chile, el SAG se encarga de certificar que una variedad cumpla con estos requisitos y lleva un catastro de todas las variedades protegidas. Es información de libre acceso, cualquier persona puede entrar al sitio web del SAG y obtenerla. Dependiendo del tipo de planta, esta protección se entrega por un plazo no menor a los 20 años (25 años en el caso de árboles y vides).
Chile ya había firmado el acuerdo UPOV anterior, del año 1978, y la actual aprobación de la nueva versión de 1991 sólo incluye cambios menores. En lo medular, busca incentivar a los breeders (empresas, personas o instituciones) para que sigan generando nuevas variedades y potenciar la producción agrícola.
Anuncios

Inventando una enfermedad


        Como todas las actividades humanas, la ciencia también sufre muchas veces con las acciones inescrupulosas de algunos. A veces, un estudiante presionado por conseguir una posición académica puede llegar a inventar datos para poder publicar un artículo en una revista de alto impacto. O un Investigador que, agobiado por las expectativas y la gran inversión en su línea de investigación, manipula sus datos para obtener resultados cuando estos no se dan.
            Sin embargo, cuando el fraude científico tiene como motivo el enriquecimiento personal y genera un problema de salud pública, se convierte en un acto criminal.
            En 1998 la revista The Lancet, una de las más importantes en Biomedicina, publicó los resultados de un estudio realizado en Inglaterra por el Dr. Andrew Wakefield y su grupo. El trabajo resultó tremendamente impactante para los Ministerios de Salud de todo el mundo. Wakefield y sus colaboradores presentaban evidencia que establecía una correlación entre la vacuna viral triple (sarampión, rubeola y paperas) y una extraña enfermedad que incluía desordenes del comportamiento y problemas digestivos, bautizada por Wakefield como Enterocolitis Autística.
            Cundió el pánico en el mundo. Rápidamente aparecieron grupos de padres organizados que iniciaron campañas para que la gente no vacunara a sus niños y evitara el riesgo de contagiarlos con esta extraña y devastadora enfermedad. Este es el punto de partida para una campaña mundial en contra de la vacunación que sigue aún hoy, ya que rápidamente se esparció el temor de que otras vacunas también produjeran efectos negativos en los niños.
            A consecuencia de la gran incertidumbre producida, muchos laboratorios trataron de repetir los análisis de Wakefield. Pronto se estableció que algo andaba mal, ya que nadie lograba repetir sus hallazgos. Luego, llegó lo peor: un periodista inglés descubrió que, antes de que los resultados sobre la vacuna vírica triple estuvieran listos, el hospital en el que Wakefield trabajaba conversó con él sobre los beneficios económicos que tendría el generar una nueva vacuna triple, siempre y cuando la gente empezara a desconfiar de la vacuna existente. Además, se descubrió que muchos de los niños seleccionados para su estudio fueron escogidos de familias vinculadas a grupos anti-vacunación, que ya existían en el Reino Unido, por una firma de abogados que planeaba demandar a las empresas que fabricaban la vacuna y que además aporto con $25.000 libras para la realización de los análisis (unos $20.000.000). En paralelo, la esposa de Wakefield fundó una compañía que diseñaría una nueva vacuna y kits de diagnóstico para la enterocolitis autística. La publicación de esta investigación periodística terminó por dejar al descubierto el fraude.
            En 2007, el Consejo Médico General del Reino Unido comenzó una investigación formal contra Wakefield y su equipo. La conclusión fue que Wakefield actúo de manera poco ética y fraudulenta, inventando y manipulando los datos de su estudio. Por ejemplo, Wakefield analizó sólo 12 casos (numero ridículamente bajo para este tipo de estudios) e inventó los diagnósticos en 5 de estos casos.
Finalmente, la revista The Lancet, considerando esta apabullante evidencia, decidió retractar el artículo y eliminarlo de sus registros.
Evidentemente el estudio de Wakefield fue acompañado por una caída en la tasa de vacunación en el Reino Unido, lo que tuvo como consecencia un aumento en el número de casos de rubeola y varios niños murieron al no estar inmunizados. Sin embargo, a Wakefield sólo se le quitó su licencia médica y no fue a la cárcel. Se radicó en los EEUU, donde continúa ejerciendo como médico.
             

            Actualmente existen diferentes ONG alrededor del mundo que claman libertad para vacunar a los niños y están en contra de las campañas de salud pública de vacunación obligatoria. Muchas ofrecen charlas y libros. Claro que se venden a un buen precio, no se regalan. Si no, no es negocio. Los libros tienen lindas portadas y están firmados por doctores, como Wakefield. Todos traen un capítulo especial sobre el autismo y la vacuna triple. Ninguno menciona el fraude. Son mentirosos, pero no estúpidos.

Frosty

             Siguiendo con la serie “Grandes Charlatanes”, quiero dedicar este post a uno que me ha brindado muchas alegrías últimamente: Masaru Emoto. La idea para escribir sobre él la saqué de un artículo de la revista Mundo Nuevo, que habla de las investigaciones de Emoto así: Gracias a las reveladoras investigaciones del Dr. Masaru Emoto, sabemos que el agua está viva y responde con el lenguaje propio de nuestras emociones, el agua nos muestra con sus cristales todo tipo de vibraciones que afectan sobremanera a nuestro mundo y sobre todo a nuestro cuerpo. Disiento.
            Masaru Emoto es graduado en Relaciones Internacionales y tiene un “doctorado” en Medicina Alternativa, grado que consiguió a través de un programa on-line dictado por la Universidad Abierta Internacional de la India (no acreditada, por si a alguien le interesa). El único requisito para hacer este doctorado, según la página de esta universidad, es (textual) “poseer un grado académico entregado por una Universidad auténtica
            El Sr. Emoto es conocido, por si no lo saben, por afirmar que si se le reza o habla al agua, o incluso si le escriben mensajes al recipiente que la contiene, cambia la forma de los cristales de hielo que se pueden obtener de esa agua. Así, los pensamientos como amor, paz o fraternidad hacen que los cristales de agua sean bellos, mientras que los pensamientos negativos, como odio, guerra y otros hacen que el agua produzca cristales de mala apariencia. El Sr. Emoto concluye que si los pensamientos positivos hacen mejor al agua, nosotros, que estamos compuestos por un 80% de agua, deberíamos experimentar lo mismo.
            Masaru Emoto ha demostrado esto experimentalmente, por supuesto. Esa es la gracia y por eso vende tantos libros y da conferencias pagadas por todo el mundo. Analicemos los experimentos del Sr. Emoto: el pone las leyendas en los frascos con agua (AMOR, ODIO, PAZ, GUERRA) y luego congela esa agua. Posteriormente, le pide a un fotógrafo que tome las fotos de los cristales más bonitos, en el caso de los frascos con las palabras AMOR y PAZ y que tomen las fotos de los cristales más feos en el caso de los frascos con las palabras ODIO y GUERRA. Sencillito. Y por alguna razón, la comunidad científica no le cree.
            Es evidente que un experimento de esta naturaleza no resiste análisis y la única manera de hacer una demostración experimental sería es a través de un ensayo doble ciego. Para esto son necesarias varias cosas, pero obviamente una de las más importantes es que los fotógrafos no sepan si están tomando las fotos del agua marcada con la palabra PAZ o bien si lo hacen con el frasco marcado con la leyenda ODIO. Sin embargo, el Sr. Emoto insiste en que el fotógrafo debe saber si está tomando las fotos de uno u otro frasco.
            En el año 2006, y luego de recibir las injustas críticas de la comunidad científica, el Sr. Emoto decidió hacer un experimento doble ciego: puso a 1.800 personas en Japón a enviar “vibras positivas” a dos botellas de agua mineral situadas en un edificio en California. Les mostró una foto de la botella y un mapa de Google Earth con la ubicación de las botellas. Los resultados de este crucial experimento fueron publicados en “Explore”, revista de la Ciencia y la Curación (no indexada, por si alguien está interesado en publicar ahí). En una escala de 1 a 6, donde 1 es un cristal muy feo y 6 un cristal muy lindo, el estudió indicó que el promedio de belleza de los cristales para los frascos “tratados” fue de 2,87 y para los frascos control de 1,88.
            Sin embargo, hay dos problemas con este resultado. Primero, se tomaron 24 fotos para el agua tratada y sólo 16 para el agua control. Segundo, nuevamente los fotógrafos sabían que agua estaban fotografiando y recibieron instrucciones respecto de las fotos que debían tomar. Para terminar con esta polémica, James Randi (el mago del caso de la memoria del agua, primer post de este blog) ofreció un millón de dólares si podían demostrar esto en un ensayo doble ciego real.
            Cuando se hizo el ensayo doble ciego de manera correcta se obtuvieron resultados totalmente opuestos a los del primer ensayo: los cristales más bellos fueron obtenidos de los frascos control, mientras que los frascos tratados obtuvieron un menor puntaje de belleza.
            Masaru Emoto en todo caso parece no haber sentido el golpe. Los dejo con el último post de su página web: “Agua de la Planta Nuclear Fukushima, lo sentimos mucho por haberte causado este sufrimiento. Por favor perdónanos. Te damos gracias, y te amamos.” Pueden decir a voz alta o en silencio. Repiten 3 veces juntando las palmas de sus manos ofreciendo su sincera oración. Con amor y gratitud, Masaru Emoto – Mensajero de Agua.

             Por cierto, James Randi ofreció durante años un millón de dólares a cualquier persona que demostrara, en un experimento controlado, tener poderes mentales de cualquier tipo. Nunca nadie respondió al desafío. Que raro ¿no?

Charlatán

(Del it. ciarlatano).
1. adj. Que habla mucho y sin sustancia. U. t. c. s.
2. adj. Hablador indiscreto. U. t. c. s.
3. adj. embaucador. U. t. c. s.
4. m. y f. Persona que se dedica a la venta ambulante y anuncia a voces su mercancía.
            He decidido honrar mi blog con una serie de artículos relacionados con algunas celebridades que he ido encontrando en mi camino. Ya he hablado del bueno de Jeffrey Smith, así que lo dejaré en paz, al menos por un rato (aunque debo reconocer que es mi favorito, para los que no lo conocen lean el post “Superman al rescate”). En esta ocasión les hablaré de mi más reciente descubrimiento: la Dra. Huda Clark.
            Se que muchos de mis lectores son unos ignorantes de primera, así que los iluminaré. La Dra. Huda Clark es la investigadora que descubrió la cura para el cáncer. Y cuando digo cáncer me refiero a TODOS los tipos de cáncer. Así que más respeto.
Huda Clark nació en Canadá, y según información extraída de su página web, hizo un doctorado en fisiología. Aparentemente estaba algo apurada, así que obtuvo su doctorado en sólo dos años. No hay lista de publicaciones científicas, excepto por sus siete libros de los cuales no me atrevería a calificar de científico a ninguno de ellos. La Dra. Clark hizo investigación independiente financiada con fondos del gobierno de los EEUU durante un tiempo, aunque por alguna razón se quedó sin fondos para seguir investigando. Dice en su página web que por esos años (1974) los fondos federales para investigación fueron eliminados y tuvo que dejar su posición en la Universidad de Indiana. No lo investigué, pero tengo la impresión de que SUS fondos fueron eliminados. Después de eso obtuvo su grado de Naturópata (que raro, el diccionario de Word no encuentra esa palabra…la voy a omitir, me niego a agregarla al diccionario) en la Universidad Clayton de Medicina Natural. Después de eso comenzaría su investigación independiente para curar primero enfermedades infecciosas y luego, el cáncer.
Su primer gran logro fue el desarrollo del zapper. Según información de su página web, “el zapper sirve para electrocutar patógenos” (sic). Inicialmente debía “sintonizar” el zapper para matar diferentes patógenos, pero su hijo le construyó uno portátil tan efectivo que funcionaba sin tener que sintonizar. O sea, una máquina para electrocutar patógenos de amplio espectro. Posteriormente desarrollaría su instrumento más importante: el sincrómetro.
El sincrómetro es un aparato que sirve para hacer diagnóstico y tratamiento. Detecta el patrón de vibración de cada cosa dentro del cuerpo (un órgano, parásitos, tumores) y puede ser sintonizado a esa frecuencia para eliminarlos, en el caso de los patógenos o tumores. Este revolucionario equipo fue sometido a pruebas de laboratorio de manera independiente, pero todas ellas fracasaron. Según la página web de Huda, esto ocurrió por que su sincrómetro, construido en casa, “era demasiado preciso para los equipos de laboratorio convencionales” (sic).
Evidentemente Huda abrió una clínica que prometía curar cualquier tipo de cáncer. Entre sus pacientes estaba Mercedes Ponzarelli, a quien hace poco le habían diagnosticado un osteocarcinoma en la cadera. Sus médicos le pidieron iniciar lo antes posible la quimioterapia para poder reducir el tamaño del tumor antes de la extirpación quirúrgica. Era un tratamiento para el cáncer, pero no prometían curarla. En cambio, Huda Clark le prometió curarla del cáncer. Mercedes se puso en manos de Huda, quien primero le pidió que dejara su casa, ya que las cañerías eran de cobre y el agua de la casa estaba contaminada con cloro. Una de las hijas de Mercedes, preocupada por la decisión de su madre, la fue a ver para convencerla de dejar el tratamiento. La encontró viviendo en un motel recomendado por la clínica de Huda, le faltaban 10 dientes y le hacían beber agua de un pozo. Debía tratarse con tres instrumentos de Huda: el sincrómetro, el zapper y el ozonómetro. De todos los pacientes que vivían en el Motel, ninguno sabia como usarlos. Cuando le preguntó a su madre por que le faltaban dientes, esta contestó que Huda había detectado contaminación con Polonio y Uranio en uno de sus dientes, el que había contaminado a otras piezas dentales, por lo que las removieron. A pesar de todo, Mercedes siguió en este tratamiento hasta que Huda le comunicó que estaba curada. En cuanto salió del tratamiento de Huda, Mercedes fue llevada a un médico oncólogo. Tras los exámenes se encontró que el tumor había crecido y había hecho metástasis. Mercedes murió al poco tiempo, a los 66 años.
La página web de la Dra. Clark lamenta comunicar que Huda Clark murió el 3 de Septiembre de 2009, a la edad de 80 años. Sin embargo, dice la página, su legado a la humanidad quedará como reflejo de su entrega abnegada al conocimiento y a proveer una cura para el cáncer, a pesar de los injustos ataques de “enemigos profesionales y agentes del gobierno”.