El Agente Naranja

La semana pasada participé en un debate acerca de cultivos transgénicos con un agricultor orgánico. Evidentemente su postura era contraria a los cultivos transgénicos (y a favor de los cultivos orgánicos) y la mía a favor de los cultivos transgénicos.
Más allá de las diferencias evidentes en la percepción de los cultivos transgénicos entre nosotros, me encontré con un hecho que previamente había detectado en foros y discusiones con grupos anti-transgénicos de diferentes partes del mundo: el uso de información tomada de Internet sin ninguna confirmación de las fuentes. Se citaron Blogs, páginas web y videos en YouTube. El único trabajo que me pareció era un paper resultó ser una publicación sin peer review en un boletín ecológico, como pude confirmar más tarde.
Sin embargo, hubo algo que se me pasó por alto y quisiera mencionarlo ahora. En un momento de la discusión llegamos al Glifosato y el Agente Naranja. Mi contraparte aseguró que el glifosato (el herbicida usado en los cultivos de soya transgénica) era lo mismo que el Agente Naranja, una sustancia nefasta que produjo garves daños a la salud de soldados y civiles durante la guerra de Vietnam. Cuando le hice notar que sus estructuras químicas eran diferentes, la respuesta que obtuve fue: “pero es una diferencia mínima”. Yo sabía que no era así, pero en ese momento la seguridad con la que me contestó generó una sensación de empate en los asistentes. No había razón de peso para creerme a mí o a él. Empate. Pero yo sabía que tenía la razón, por lo que en realidad, yo perdí. Bueno, quiero mostrar ahora que el Glifosato no tiene nada que ver con el Agente Naranja.
El Agente Naranja es parte del Plan Ranch Hand, llevado a cabo por los militares de EEUU durante la guerra de Vietnam, entre 1961 y 1971. Este plan consistía en rociar la selva de Vietnam con diferentes mezclas de herbicidas, conocidos en su conjunto como Herbicidas Arcoíris. Agentes Verde, Púrpura, Rosado, Blanco, Azul y Naranja tomaron su nombre de una franja de color que se pintaba en los tambores que contenían la mezcla de herbicidas. De estos, el Agente Naranja fue por lejos el más usado. La idea del plan era eliminar parte importante de la espesa selva Vietnamita, clave para proveer camuflaje y alimento a las fuerzas del Viet Cong.
El Agente Naranja correspondía a una mezcla 50:50 de dos herbicidas muy conocidos: el ácido 2, 4-diclofenoxiacético (2, 4-D) y el ácido 2, 4, 5-triclorofenoxiacético (2, 4, 5-T). Como pueden ver en la figura, ambos herbicidas son muy parecidos desde el punto de vista de su estructura. Es más, su mecanismo de acción es similar y afectan principalmente a plantas dicotiledóneas (y no monocotiledóneas), por lo que el 2, 4-D es un herbicida muy efectivo para mantener sin malezas cultivos de arroz, trigo o maíz. De hecho, el 2, 4-D es el herbicida más usado en el mundo.
Estudios de toxicidad en ratones, ratas y humanos muestran que ambos son poco tóxicos. La dosis letal 50 (es decir, la dosis aguda que mata a la mitad de las ratas/ratones en estudios de toxicidad) es de 639 mg/kilo para el 2, 4-D. En humanos, dosis de 5 y 30 mg/kilo de peso no produjeron ningún efecto en voluntarios. En el caso del 2, 4, 5-T, la dosis letal 50 es de 389 mg/kilo en ratones y 500 mg/kilo en ratas. Es decir, pueden considerarse ambos como poco tóxicos y seguros.
Arriba: Se muestran las estructuras del 2, 4-D (ácido 2, 4-diclorofenoxiacético) y del 2, 4, 5-T (ácido 2, 4, 5-triclorofenoxiacético), ambos componentes por partes iguales del Agente Naranja. Abajo: Se muestran las estructuras del 2, 3, 7, 8-TCDD (2, 3, 7, 8-tetraclorodbenzodioxina) y de la n-fosfonometilglicina (Glifosato). Código de color: Negro=Carbono, Blanco=Hidrógeno, Rojo=Oxígeno, Verde=Cloro, Azul=Nitrógeno, Naranjo=Fósforo,
Sin embargo, la aplicación del Agente Naranja tuvo terribles consecuencias para los habitantes de Vietnam: casi un millón de personas fueron afectadas, la mitad muertos y el resto con severos daños físicos, de carácter permanente.
¿cómo es posible que una sustancia en teoría inocua cause tan nefastos efectos?
Resulta que con la urgencia de la guerra, nadie se percató que durante el proceso de síntesis del 2, 4, 5-T se producía un producto no deseado en grandes cantidades (60 partes por millón): 2, 3, 7, 8-tetracloro dibenzodioxina (2, 3, 7, 8-TCDD), una sustancia tremendamente tóxica para los humanos. Como pueden ver en la figura, la estructura del 2, 3, 7, 8-TCDD corresponde a una condensación entre dos moléculas parciales de 2, 4, 5-T, que es producido cuando la temperatura en las plantas de síntesis es alta.
Ahora, miren la estructura del glifosato, puesta al lado derecho del 2, 3, 7, 8-TCDD ¡No se parecen en nada! No solo la estructura no tiene ninguna relación, tampoco las fórmulas químicas se parecen: el 2, 3, 7, 8-TCDD tiene la formula C12H4Cl4O2 y el Glifosato es C3H8NO5P. No es, como declaró tan seguro mi contraparte, “una diferencia mínima”. El glifosato no tiene ninguna relación química ni toxicológica con el Agente Naranja.
Durante la guerra de Vietnam los militares de EEUU aplicaron más de 6.000 veces el Agente Naranja sobre la selva. En el transcurso de los años los terribles efectos comenzaron a aparecer en la población.
Actualmente la síntesis y venta del 2, 4, 5-T esta restringida por la Convención de Rotterdam. La Agencia de Protección Medioambiental de EEUU (EPA) ha prohibido totalmente todos los usos del 2, 4, 5-T desde 1985, debido al riesgo de contaminación que existe con la dioxina. Sin embrago, los nefastos daños en la población de Vietnam por su uso durante la guerra persistirán por muchos años.
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¿Más sano que una lechuga?

Uno de los aspectos más controversiales de los cultivos transgénicos tiene que ver con los posibles daños a la salud humana. Como son considerados alimentos “no-naturales” se cree que pueden acarrear algún peligro para la salud: producir alergias, daño renal y hepático o incluso causar la muerte, como nos lo ha contado nuestro buen amigo Jeffrey Smith (si no sabe de que hablo, lea el post “Superman al rescate”)
Considerando esto, quiero hacer varios alcances:
1) El mito de los alimentos naturales: Los cultivos que comemos actualmente, como trigo, maíz, frutillas, lechuga, zanahorias, manzanas, tomates y un largo etc., nunca existieron en la naturaleza. Efectivamente, estos cultivos han sido creados por el hombre a través de un proceso que se conoce como “mejoramiento genético”. Por ejemplo, el trigo común (Triticum eastivum) es un monstruo alohexaploide. Eso quiere decir que tiene tres genomas diploides ¡de tres padres diferentes!
Arriba: lechuga, zanahoria y maíz silvestres. Abajo se muestran las variedades cultivadas

2) Los vegetales son alimentos seguros: No quiero ser alarmista, pero el Dr. Bruce Ames (creador del test de Ames, usado para identificar sustancias cancerígenas) e investigador de la Universidad de California en Berkeley (USA) publicó en 1990 un artículo titulado “Pesticidas en la dieta (99.99% naturales)” (Proc. Natl. Acad. Sci USA 87: 7777-81, 1990). En su artículo, el Dr. Ames señala que de 1.052 compuestos evaluados en al menos una especie animal en test crónicos de cáncer, solo 52 correspondían a compuestos que las plantas producen de manera natural. O sea, se han estudiado muy pocos. De esos 52 compuestos derivados de las plantas, 27 resultaron cancerígenos. Y ojo, no estoy hablando de plantas exóticas que crecen en la selva Amazónica: manzana, damasco, plátano, albahaca, brócoli, coliflor, apio, zanahoria, café, uva, lechuga, rábano, mango, hongos, peras, duraznos, pimienta, papa, semillas de sésamo, tomate…para que seguir. Evidentemente, estos datos hay que interpretarlos con precaución. No implica que la exposición alimenticia a estos compuestos produzca necesariamente cáncer en humanos: de hecho, una dieta rica en frutas y verduras ha sido asociada con bajas tasas de cáncer. Esto, probablemente debido a la acción anti-cancerígena de las vitaminas y anti-oxidantes derivados de las plantas. Lo que es importante de este análisis es que los resultados de los ensayos de exposición a cancerígenos naturales en ratones cambia la visión respecto a ensayos similares con pesticidas sintéticos, a los que estamos expuestos a menores niveles.

3) Nadie sabe si los alimentos transgénicos son seguros: Los vegetales genéticamente modificados deben ser los alimentos más estudiados en la historia de la humanidad. En este punto hay que señalar que en 1993, la Organización de Cooperación y Desarrollo Económicos (OCDE) introdujo el concepto de equivalencia sustancial en el examen de la evaluación de la seguridad de los alimentos transgénicos u obtenidos de organismos modificados genéticamente, y son numerosos los países que lo han aceptado. Este principio establece que las plantas modificadas genéticamente (o los alimentos derivados de ellas) son equivalentes a sus homólogos tradicionales y se pueden tratar de la misma manera que éstos con respecto a la inocuidad. Es importante aclarar que el establecimiento de la equivalencia sustancial no es como tal una evaluación de la inocuidad, si no que establece una pauta de evaluación. Así, si alguien genera un tomate transgénico que expresa una proteína de bacteria, se debe evaluar la composición química del tomate transgénico: contenido de proteínas, minerales, grasas, fibra y antinutrientes (como el ácido fítico, que impide la absorción de varios minerales). Si el tomate transgénicos es similar en su composición química al tomate silvestre que se usó para hacer el transgénico, se dice que son sustancialmente equivalentes. Excepto por una cosa: la proteína de la bacteria que expresa el tomate transgénico. Como estas proteínas son nuevas en la dieta, deben ser evaluadas para demostrar que sean digeribles, no tóxicas y no alergénicas. Para esto, se hacen ensayos con animales de laboratorio (ratones, ratas, pollos). Sin embargo, debido a que estas proteínas se producen en bajas cantidades (y no se puede alimentar ratones sólo con tomate), lo que se hace es purificar la proteína y se le da a ratas como suplemento en la dieta para demostrar que esta nueva proteína es segura de comer. Nada de esto se hace con ningún otro alimento. A modo de ejemplo, se han descrito variedades de papa y apio obtenidas por mejoramiento convencional que producían cantidades enormes de solanina y psolareno, ambos compuestos muy tóxicos. Afortunadamente, se detectó esta anomalía antes de que estos productos llegaran al mercado (en el caso del apio, debido a las severas quemaduras que sufrieron quienes lo cosecharon).
4) Hay trabajos científicos que muestran que los transgénicos son peligrosos: No existe un solo trabajo científico que muestre que los transgénicos con peligrosos para la salud animal o humana. Así de sencillo. El investigador francés Gilles Seralini es un reconocido anti-transgénico y ha publicado varios trabajos donde, según él, muestra los peligros de los transgénicos. En efecto, publicó hace algunos años un trabajo donde establecía que el maíz Bt MON810 (que expresa la proteína Cry1Ab) era dañino para los animales de laboratorio. Sin embargo, este trabajo NO es experimental: Seralini re-analizó datos existentes y aplicó test estadísticos tan extremos que logró ver diferencias que no se encontraron en el trabajo original. La EFSA (European Food Safety Authority) estableció que el trabajo de Seralini manipulaba los datos más allá de lo razonable y desestimó sus resultados. Otro ejemplo: hace poco apareció un trabajo donde se mostraba que el glifosato, el herbicida usado en las plantas de soya RR, producía alteraciones en un embrión en desarrollo cuando era inyectado en él. No hay que ser científico para pensar que pasaría si nos ponemos a inyectar Coca-Cola, agua de mar, jugo de tomate o sencillamente agua destilada en un embrión: le causa severos daños o incluso lo mata. Según la lógica de este grupo, hay que prohibir casi todo lo que comemos o tomamos (¿quién diablos le va a inyectar Coca-Cola en el útero a una mujer embarazada?)
Finalmente, este año se publicó un artículo que señalaba que un altísimo porcentaje de mujeres embarazadas de un pueblo en Canadá tenía en su sangre proteína Cry1Ab. Es más, lograron detectar la proteína en el cordón umbilical. Cundió el pánico y el terror, pero nadie sabia muy bien por que. De partida ¿De donde viene la proteína Cry1Ab en estas mujeres? No existe maíz dulce transgénico (ese que uno puede hervir y comer con mantequilla). El maíz Bt se usa para alimentar ganado o en alimentos procesados, como hojuelas. El 8% del maíz es proteína y, de esta, el 0,33% es Cry1Ab en el maíz transgénico. Una hojuela de maíz es 89% maíz, así que para alcanzar los valores plasmáticos descritos en el trabajo, las mujeres analizadas debieron haber consumido en los días previos al estudio varios kilos de hojuelas al día. Además, se usó una técnica no evaluada y muy poco apropiada, que entre otras cosas no permite tener la certeza de que se está identificando la proteína Cry1Ab. El estudio carece de toda lógica y sin embargo, está publicado. Y por cierto, Seralini es asesor científico de una compañía farmacéutica que vende un antídoto para contrarrestar los efectos nocivos de los transgénicos ¡Todo calza, pollo!