Show me the method (o como pillar a un charlatán)

“Sabes que nada es fácil, si tomas buenas decisiones todo se arreglará. Toma más en serio tu trabajo, no dejes que los ahorros se acaben tan rápido. Escucha los consejos del doctor” – Horóscopo, Revista DATO Nº 13, 27 de marzo de 2012.

El horóscopo que acaban de leer, elaborado especialmente para los nacidos bajo el signo de Leo, es real. Pongo la referencia en caso que quieran confirmarlo. Está firmado por Ricardo (sin apellido) y aparece un número de teléfono para consultas personales. Asumo entonces que Ricardo puede predecir que cosas le pasarán, ya no al universo de personas nacidas bajo el signo de Leo, sino que a un Leo en particular. Asombroso.

El texto del horóscopo es tristemente ridículo ¿a alguien no le parece evidente que si tomas buenas decisiones todo irá mejor? ¿a alguien no le parece que es una perogrullada que los ahorros hay que cuidarlos? ¿a alguien le parece sensato no hacerle caso a su médico? ¿a alguien le parece que esto solo aplica a quienes nacieron bajo el signo de Leo? Yo soy Cáncer y me parece que también se ajusta a mí esta predicción. Eso es evidente y es parte del juego de las predicciones personales. Es un fenómeno psicológico conocido como Efecto Forer: cualquier predicción suficientemente vaga será tomada como una predicción muy precisa por la persona a la que la predicción está dirigida. Es decir, es muy probable que los Leo encuentren que este horóscopo se ajusta perfecto a su actual momento.

Desde el punto de vista de la ciencia, es posible realizar “predicciones”. Para hacer una predicción que tenga bases científicas no hay que ser adivino, pero si hay que entender muy bien el comportamiento del fenómeno que se quiere predecir y contar con los instrumentos y métodos adecuados. Por ejemplo, lo que sucede con las predicciones meteorológicas. Aún así, todos sabemos que las predicciones meteorológicas nos son 100% certeras y más de alguna vez hemos quedado en polera mientras llueve o hemos tenido que volver a casa con una infinidad de prendas de abrigo en la mano por que no hizo el frío pronosticado.

Lo más interesante de esto es que es posible hacer predicciones meteorológicas relativamente precisas sin ningún instrumento o método. Por ejemplo, me atrevo de predecir que es muy probable que en las próximas 72 horas llueva en Valdivia. Hago esta predicción sentado en la terraza de mi departamento en Providencia, a casi mil kilómetros de distancia ¿Cómo puedo saberlo? ¿Cuál es mi método? ¿tengo poderes mentales? Evidentemente no. Solo me basta con saber que Valdivia es una de las ciudades con mayor pluviometría de Chile para poder pronosticar, con cierto grado de certeza, que es muy probable que llueva de aquí a 72 horas más.

Predecir que pasará lo mismo en el desierto de Atacama, por otro lado, sería algo arriesgado. El desierto de Atacama es el lugar más seco de la tierra, por lo que predecir una lluvia en las próximas 72 horas sería algo inocente y probablemente me equivoque. En ambas predicciones, solo me he basado en lo que se sabe acerca de la pluviometría en Valdivia y el desierto de Atacama. No es muy difícil hacer una predicción una vez que se ha establecido un patrón de comportamiento.

La semana pasada las redes sociales y algunos medios de comunicación hicieron eco de una predicción asombrosa: “Habrá un terremoto de 9,4 grados entre los días 21 y 24 de marzo a las 5 horas. No voy a hablar de posibilidades, te voy a hablar de certezas: el 100 por ciento” Esta aterradora predicción fue realizada por una persona llamada Pedro Gaete en una entrevista telefónica realizada por el publicista Juan Andrés Salfate, en un programa de televisión abierta.

El señor Gaete, Director Ejecutivo del Observatorio Sísmico Solar. Lamentablemente no es posible dar con ninguna descripción del Observatorio Sísmico Solar: página web, ubicación, investigadores que trabajen ahí, lista de publicaciones. Nada. Es como si no existiera.

El señor Gaete, que ha declarado ser “Ingeniero en Electricidad” (sic) de la Universidad de Chile, no quiso entrar en muchos detalles acerca de la metodología empleada. Habló con un lenguaje lleno de tecnicismos pero sin sentido (“ondas escalares vectoriales electromagnéticas”). Además, llamó la atención lo ajustado de su predicción: fecha, hora e intensidad. Resulta también bastante curioso, al menos desde el punto de vista científico, que haya descartado cualquier posibilidad de error en su pronóstico . Omitió la ubicación del epicentro (supongo que su método no lo permitía) y mucha gente entró en pánico. Más aún cuando el domingo 25 de marzo se sintió un fuerte temblor en la zona central de Chile. El señor Gaete apareció entonces en televisión diciendo que este hecho desacreditaba a la comunidad científica, que había manifestado su total rechazo a la predicción. Lo que el señor Gaete no mencionó en ese momento es que él mismo había cancelado la alerta de terremoto por cambios de última hora: según él nos salvamos por un minuto y fracción, como en la mejor película de Bruce Willis.

Ahora bien ¿cuál es el valor de esta predicción? ¿que tan probable es que se sienta un temblor fuerte en alguna zona de Chile? Bueno, como decía @RTFM_ en Twitter: tan probable como predecir que lloverá en Valdivia. Esto, ya que Chile es uno de los países del mundo que presenta la sismicidad más alta conocida. O sea, Chile es a los terremotos como Valdivia lo es a la lluvia. La gracia de la predicción tiene que ver con el método.

El año 2009 apareció publicado un artículo científico de un grupo de investigadores que incluía a varios chilenos. El artículo era bastante preocupante y establecía, a partir de mediciones realizadas a lo largo de varios años, que era muy probable que ocurriera un temblor de gran magnitud en la zona centro-sur del país en un futuro próximo. La introducción de ese artículo finaliza con la siguiente frase:

“Por lo tanto, en el peor escenario posible, el área (entre Constitución y Concepción) posee el potencial para que, en un futuro cercano, ocurra un terremoto de magnitud tan grande como 8-8,5” 

Ruegg y cols., Physics of the Earth and Planetary Interiors, 2009

El método empleado por estos investigadores está claramente detallado en artículo. Aparecen las mediciones por GPS y los datos que apoyan su conclusión. El trabajo está publicado en una revista científica con comité editorial y pasó por un proceso de revisión y validación por pares (peer review). Como todos sabemos, el 27 de febrero del 2010 un terremoto de 8,8 grados azotó a la zona centro-sur de Chile. Tanto la magnitud como la zona afectada corresponden a las descritas en el artículo.

Primera página del artículo científico que describe la energía acumulada en la zona comprendida entre Constitución y Concepción, del año 2009. Participan varios investigadores del Departamento de Geofísica de la Universidad de Chile (http://www.dgf.uchile.cl/)

El señor Gaete, quien no figura en los registros de la Universidad de Chile, ha establecido que sus mediciones las efectúa en el Observatorio Sísmico Solar, una instalación misteriosa que nadie conoce. El señor Gaete ya había predicho que un mega-terremoto “partiría a Chile en tres partes” (sic) y en esa ocasión nos salvamos gracias a que él disparo unos rayos a un agujero negro. Tal cual. También en esa ocasión comenzó a buscar fondos para financiar la construcción de tres domos geodésicos para albergar a los sobrevivientes.

Tanto el tenor de la predicción como la ausencia de un método contrastable para apoyarla hacen que la historia del señor Gaete no pase de ser una idea paranoica. Según él, el geo-terrorismo es una realidad y es posible generar terremotos a voluntad, utilizando un arma que usa una energía llamada “de punto cero”. Conceptualmente hablando la energía de punto cero existe, pero es como decir que se puede generar terremotos usando neutrinos. Y los geofísicos echan espuma por la boca. La moraleja es siempre preguntarle a su experto regalón. Los puede encontrar en las Universidades y Centros de Investigación. Afortunadamente algunos canales de televisión decidieron apostar por la cordura y entrevistaron a científicos expertos, como el Dr. Marcelo Lagos, quien en una de sus intervenciones emplazó a Pedro Gaete a que mostrara cuáles son los métodos que emplea en sus mediciones. Aún esperamos una respuesta. Mi pronóstico es que no habrá respuesta.

Para cerrar esta historia y, como dato anecdótico, conozco a alguien que hace un tiempo atrás escribía el horóscopo para una conocida revista de circulación nacional. Esta persona no tenía ¿estudios? de astrología, pero si una muy buena pluma. Una vez me confesó que siempre le escribía cosas geniales al signo de su polola. Eso es amor.

Cocacoleado

Vivimos en un mundo peligroso. Que duda cabe. Salir a la calle es hoy más riesgoso que hace 50 años. Subirse al metro en horario punta podría ser considerado como un acto de desprecio por la propia vida. Y lo hacemos igual. Pero ¿que pasaría si nos pusiéramos a sopesar cada minúsculo riesgo asociado a cada una de las cosas que hacemos todos los días? Lo más probable es que no nos moveríamos de la cama por temor. Pongámosle estadísticas. Te levantas por la mañana, agarras la toalla y vas al baño: la probabilidad de tener una caída fatal en la ducha es de 3.333 en 1. Mejor salgamos sin ducharnos y tomemos el metro (o el bus para no ir tan apretados…y no matar a la gente con nuestro olor matutino, producto del temor a tomar una ducha): la probabilidad de morir en un accidente en cualquier medio de transporte en el plazo de un año es de 87 a 1. Olvídense de la Bip, mejor caminar ¿o no?: la probabilidad de que te caiga un rayo es de 587.000 a 1. Y la de que te muerda un perro es de 117.000 a 1. Mejor nos quedamos en casa. Me gustaría verlos llamar al trabajo para avisar que no van a ir por que tienen miedo de morir desnucados en la ducha, aplastados en el metro o fritos por un rayo. Es bastante irracional ¿cierto? Sin embargo, hay un nuevo temor que se está tomando la vida de muchas personas: la quimiofobia. O sea, el miedo irracional a las sustancias químicas. 

Si me quedo en este rinconcito, seguro no me pasa nada...

La quimiofobia es un tipo bien especial de fobia: es contagiosa. Los ataques masivos de quimiofobia son producidos cuando una estadística de letalidad o cáncer del compuesto X en ratones se hace pública y se menciona que tal o cual producto de consumo humano contiene X. Esto pasó hace algunos días atrás con las bebidas Cola. Fue una muy comentada noticia: dos populares marcas de bebidas, Coca-Cola y Pepsi Cola, se verían obligadas a cambiar su muy secretísima y exitosa fórmula para evitar que el estado de California (la Tierra Santa de los quimiofóbicos) le pusiera una etiqueta que advirtiera acerca de la presencia de un compuesto cancerígeno. Los medios informaron entonces: “Tomar Coca-Cola pueda causar cáncer” y no faltará el acólito de Salfate que pensó que era un complot de la CIA para matarnos a todos lentamente de cáncer cocacolero.

En fin. Como la información está algo distorsionada, vamos por partes.

El Center for Science in the Public Interest (CSPI) solicitó a la FDA (el ente que vela por la seguridad alimenticia en Estados Unidos) que prohibiera dos colorantes presentes en las bebidas Cola y que le dan ese maravilloso color caramelo. Los colorantes color caramelo son muy populares y particularmente la industria de las bebidas (Cola, cervezas, whiskey, coñac y salsas, entre otras) da cuenta de 3 cuartas partes de la producción anual de color caramelo fabricado para la industria alimenticia. Existen 4 clases de color caramelo (I al IV) dependiendo de como se obtienen, ya sea sin aditivos o usando sulfitos, amonio o ambos. Los compuestos cuestionados son clasificados en la clase IV de los compuestos color caramelo y corresponden al 2-metil imidazol (2MI) y 4-metil imidazol (4MI).

Esto la saqué de una página llamada "paranoia". Que buen nombre.

El CSPI solicitó la prohibición de estos compuestos amparado por un estudio en el que durante 2 años se les administró a ratas dosis diarias de 40, 80 y 170 mg por kilo de peso corporal de estos compuestos. Al final de los dos años las ratas mostraron defectos en diferentes órganos internos (lo que tampoco es tan raro, pobres ratas). Usando estos antecedentes, el Estado de California ha decidido que la dosis NSRL (No Significant Risk Level, nivel de riesgo no significativo) de metil-imidazol es de 16 microgramos por día, en una persona que pesa 70 kilos durante 70 años. Y una lata de Coca-Cola contiene 130 microgramos de metil imidazol, es decir, 8 veces más que la dosis NSRL.

Lo interesante aquí es saber como se define “nivel de riesgo no significativo”. Este corresponde al consumo de una dosis que asegura que no habrá más de un caso en exceso de cáncer sobre una población de 100.000 personas expuestas al producto. Wow. Es decir, si durante 70 años 100.000 personas consumen 16 microgramos diarios de 2MI o 4MI y, digamos, 287 de ellas desarrollan algún tipo de cáncer, entonces sin consumir 2MI o 4MI serían los mismos 287 enfermos de cáncer…pero nunca 286. Ya que es caso menos sería el que provocó el consumo de 2MI o 4MI. Algo bastante complejo de medir.

Por otro lado, la dosis de 16 microgramos diarios corresponde a varios órdenes de magnitud menos que lo usado en los estudios con ratas, en los que la dosis más baja usada fue de 40 miligramos (40.000 microgramos). En efecto, 16 microgramos (la dosis NSRL) dividido por 70 kilos de peso corporal da como resultado 0,23 microgramos por kilo de peso, dosis 174.000 veces más baja que la más baja de la administrada a las ratas (40 miligramos por kilo de peso). Si usamos la dosis más baja del estudio hecho en ratas resulta que una persona de 70 kilos debe meterse dos mil ochocientos miligramos (casi tres gramos)  de metil imidazol al día para ver los efectos descritos ¿se acuerdan cuanto metil imidazol tenía una lata de Coca-Cola? 130 microgramos. Para llegar a los 2.800 miligramos tienen que tomarse 21.538 latas…¡¡¡AL DÍA!!! Claro que para eso deberían poder destinar 10 millones de pesos de su presupuesto diario al ítem Coca-Cola (a 500 pesos cada lata, pero comprándolas al por mayor puede que ahorren algo). De todas formas, todo un lujo; si eligiera contraer cáncer lo haría tomando sol, que es gratis (todavía). Y si tuvieran la plata para darse el lujo de morir de cáncer cocacolero, es probable que primero mueran debido a la disfunción renal que les causará beberse 7.500 litros diarios de Coca-Cola…aunque para eso deberían ir a vivir a algún planeta donde los días duren 718 horas, como Mercurio, asumiendo que se demoran 2 minutos en beber cada lata. O sea: si son millonarios, viven en Mercurio y son adictos a la Coca-Cola, preocúpense.  

Si bien la histeria colectiva se ha apoderado del mundo, creo que somos afortunados. Todavía (aparentemente) los quimiofóbicos no leen el muy citado trabajo de Bruce Ames [Dietary pesticides (99.99% all natural) Ames et al., Proc. Natl. Acad. Sci. USA 1990:87 7777-7781] que ya he comentado antes en este blog. En ese trabajo Ames advirtió, con algo de ironía, que el 99,99% de los pesticidas que un estadounidense promedio se come al día son de origen natural. Si el CSPI leyera ese trabajo tendríamos que etiquetar hasta las lechugas, que en dosis altas produjeron cáncer en ratas. 

Mi recomendación es siempre averiguar la fuente de la noticia y escarbar un poco para averiguar bien como funciona la cosa. Hoy por hoy es más probable morir desnucado en la ducha que de cáncer cocacolero. Y por cierto, la probabilidad de morir por cualquier causa es de 1 en 1, así que disfruten la vida. Me voy a hacer una piscola (cargadita al 2-metil imidazol).

PS1: esta entrada ha sido inspirada por este post.

PS2: esta entrada la terminé de escribir un sábado en la noche; eso explica la piscola. No vayan a pensar que me he tomado una piscola un lunes por la mañana…

12 Monos y un virus

“…5 mil millones de personas morirán a causa de un virus mortal en 1997… /… Los sobrevivientes abandonarán la superficie del planeta… /… Una vez más, los animales dominarán el mundo…” Extractos de una entrevista a un enfermo diagnosticado con paranoia-esquizoide, Abril de 1990 – Hospital del Condado de Baltimore.

En la película 12 Monos (1995, dirigida por Terry Gilliam), James Cole -el personaje interpretado por Bruce Willis- debe viajar al pasado para averiguar el origen de una pandemia viral que acabó con la vida de 5 mil millones de personas en el año 1997 y que obligó a los sobrevivientes a esconderse bajo tierra. Según la muy fragmentada información disponible, el virus habría sido liberado desde un laboratorio de investigación por un grupo llamado el Ejercito de los 12 Monos. La película fue un gran éxito de taquilla y además es a mi gusto una de las mejores actuaciones de Brad Pitt, que interpretó al desquiciado líder del Ejercito de los 12 Monos, Jeffrey Goines (claro que no ganó el Oscar, por que ese año arrasó Kevin Spacey por Los Sospechosos de Siempre).

James Cole (Bruce Willis) tratando de convencer a Jeffrey Goines (Brad Pitt) que ese corte de pelo no le queda (12 Monos)

No es la primera película que usa la casi extinción de la raza humana a causa de un virus como temática central, pero si es la primera que supone que se deberá a una acción deliberada y que el virus saldrá de un laboratorio de investigación.

La idea de una pandemia que arrasa con la población humana no es novedosa. En 1918 la pandemia de influenza Española acabó con la vida de entre 50 a 100 millones de personas. Para poder dimensionarlo bien: 50 millones de muertos (la estimación más baja de víctimas fatales) equivaldría al 3% de la población mundial, teniendo en cuenta que en 1918 la población llegaba a los 1.860 millones de habitantes. Y la cantidad de infectados llegó a 500 millones de personas, el 27% de la población mundial. Lo más curioso de este caso es que, en general, la influenza mata a los niños y ancianos. Sin embargo, esa variante en particular del virus H1N1, causante de la pandemia Española, mató preferentemente a adultos saludables. Por cierto, se estima que la influenza es la enfermedad viral que más victimas fatales ha generado en la historia de la humanidad.

Por otro lado, la idea de usar intencionalmente un virus para infectar personas tampoco es nueva. Ya en 1763 los militares Franceses planearon regalarle a los indios de América del norte frazadas de personas enfermas de viruela para propagar la enfermedad en la población indígena, con la que estaban en guerra. Sin embargo, no hay registros de que la idea se haya llevado a cabo.

El escenario que quiero contextualizar es que hay un temor relativamente razonable a que un virus cause una pandemia mortal. Durante muchos años este temor ha estado asociado principalmente a un viejo conocido: la viruela. Esta enfermedad ostenta el record de ser la única enfermedad que infecta al hombre que ha sido erradicada de la faz de la tierra a punta de vacunas (a todos los anti-vacunas que hay pululando por ahí les vendría bien saber esto). El último caso de viruela conocido se reportó en  Birmingham, Inglaterra, en 1978. La fotógrafa Janet Parker contrajo accidentalmente la enfermedad mientras trabajaba en el departamento de anatomía de la escuela de medicina de la Universidad de Birmingham y murió el 11 de septiembre de 1978. Después de esto, Henry Bedson, Director del Departamento de Microbiología y responsable del laboratorio de investigación que trabajaba con el virus, se suicidó.

Persona infectada con viruela

Luego de la erradicación del virus de la viruela, la Organización Mundial de la Salud (OMS) decidió almacenar cultivos del virus en USA (en el CDC, Centers for Desease Control and Prevention) y en la ex URSS (en los laboratorios VECTOR, Koltsovo). Hasta el día de hoy se debate acerca de que tan buena idea fue guardar estas muestras de virus, debido al potencial peligro de escape e infección en una población que en su inmensa mayoría no está inmunizada. En el año 2010, un panel de expertos concluyó que no existe ningún beneficio potencial que justifique tener almacenado el virus y ha recomendado su destrucción a ambos laboratorios, los que se han negado durante años a hacerlo.

Todo esto que les he contado sirve para matizar lo siguiente: en Diciembre del 2011 el Gobierno de los Estados Unidos, a través de la Agencia Nacional Asesora de Bioseguridad (NSABB), pidió a las revistas Science y Nature censurar dos publicaciones que describían la creación de una variante del virus H5N1, causante de la influenza aviar, que ahora podía transmitirse entre mamíferos por el aire. El presidente de la NSABB, Paul Keim, declaró a Nature: “No me gusta asustar a la gente, pero aquí los peores escenarios imaginable son enormes”. La noticia fue seguida de un intenso debate que involucró a gobiernos, la OMS y un panel de expertos que se reunió durante dos días a discutir los alcances de estos trabajos. La mayor preocupación está en la liberación accidental del virus desde los laboratorios y en hacer pública la “receta” para transformar el H5N1 en un virus potencialmente transmisible entre humanos.

Imagen del virus H5N1 obtenida usando microscopía electrónica de transmisión y coloreado electrónicamente.

Si bien la NSABB recomendó publicar los trabajos, solicitó no publicar la metodología y otros detalles que pudieran facilitar la replicación de estos resultados por “quienes quieran hacer daño”. En este punto vale la pena preguntarse quienes podrían hacer esto. Recuerdo haber leído hace varios años la historia de un Bioquímico autodidacta de Texas que se puso a enterrar varas de acero en zonas donde habían enterrado vacas muertas por Antrax y había logrado crecer la bacteria en su casa…fue detenido por la policía cuando elaboraba la lista de gente que le caía mal. Pero para fabricar un virus se requieren instalaciones muy sofisticadas; estamos hablando de laboratorios de bio-seguridad de nivel 4, no del garaje de un tipo trastornado.

Finalmente, el 17 de febrero de 2012, el panel de expertos de la OMS recomendó publicar los trabajos en su totalidad y concluyó que es necesario discutir mejor los aspectos relacionados con la bioseguridad de los laboratorios y generar estrategias que permitan dar a conocer a la población el alcance de estas investigaciones. De hecho, considerando que solo unas pocas mutaciones bastan para conseguir el efecto de transmisión por el aire, no es descabellado pensar que esto pudiera ocurrir en la naturaleza, teniendo en cuenta la enorme tasa de mutaciones que presentan los virus.

Según el panel de expertos de la OMS, investigaciones de esta naturaleza podrían ser esenciales para combatir variantes más agresivas del H5N1 en el futuro.

Los dos grupos involucrados en estos trabajos –de la Universidad de Madison-Wisconsin, USA y el Instituto Erasmus de Holanda– han decidido establecer una moratoria voluntaria a sus trabajos con la variante mutada del H5N1 (H5 HA). Esta moratoria de 60 días servirá para esclarecer las dudas de la comunidad científica y han propuesto organizar un foro mundial para dar a conocer los alcances de su investigación.

Por ahora, esperemos que la opinión pública tome esto con altura de miras y no con un ataque histérico. Los virus están con nosotros y seguirán matando gente, como el Ébola, que tiene una tasa de mortandad superior al 80%. U otro virus aún más mortal, que mata al 99,9% de las personas si no son vacunadas antes de que aparezcan los síntomas: el de la rabia.

Para más información, visitar http://www.nature.com/news/specials/mutantflu/index.html?WT.ec_id=NEWS-20120131

Cuestión de tamaño

La jibia (Dosidicus gigas), conocida también como calamar gigante, es un habitante del océano Pacífico que por mucho tiempo fue despreciado. Un paria del mar. No solo por su aspecto poco atractivo, sino por que además su comida favorita son las merluzas, la tradicional “pescada” de la cocina chilena. Y la tenía, según las autoridades de pesca, al borde de desaparecer. Muchos han comido jibia sin saberlo,  convencidos que se trata de locos, debido a que por su textura y sabor puede ser usado como sucedáneo de este molusco. Por eso le dicen “el loco de los pobres”.

La jibia o Calamar Gigante del Pacífico

Los pescadores artesanales aprendieron rápido que si las merluzas escaseaban pero había abundancia de jibia, tendrían que pescarla y aprender a cocinarla bien. Idearon “la tota”, una barra de aluminio de unos 40 cm de largo y 4 cm de diámetro rellena con plomo, de la que cuelgan una serie de anzuelos. “La tota” es la herramienta para pescar jibias de manera artesanal y ha permitido a los pescadores de la zona central explotar este producto, que ahora aparece triunfal en empanadas, guisos, chupes y hasta pizza. Pero la jibia tiene además una gracia oculta: es dueña de uno de los axones más grandes que se conocen en la naturaleza. Los axones son las prolongaciones de las neuronas, las células encargadas de transmitir los impulsos nerviosos. El axón de la jibia tiene hasta un milímetro de grosor; eso quiere decir que se puede ver a simple vista y, mejor aún, se le pueden introducir electrodos para realizar estudios fisiológicos. Este tipo de experimentos ya se realizaba usando otro calamar, el Loligo vulgaris o calamar del Atlántico. Gracias a estos experimentos con el calamar del Atlántico y el análisis cuantitativo de la excitabilidad y conducción del impulso nervioso, Alan Hodgkin y Andrew Huxley obtuvieron el Premio Nobel de Medicina y Fisiología el año 1963.

Sin embargo, el axón del calamar del Atlántico no permitía realizar estudios más finos, dado que la razón señal/ruido era muy baja; es decir, no se podían medir corrientes pequeñas con certeza.

En los años 60s, un grupo de investigadores chilenos, fisiólogos y biofísicos, decidieron estudiar como se transmitían los impulsos nerviosos usando el axón de la jibia como modelo de estudio. El axón de la jibia resultó ser el doble de grande que el de su par del Atlántico, por lo que resultaba posible realizar ensayos que no se podían hacer con precisión usando el axón de este último. Como en las costas de la región central de Chile era posible obtener grandes cantidades de jibias (y a un muy bajo precio), un grupo de investigadores -encabezado por el Dr. Mario Luxoro, Premio Nacional de Ciencias del año 2000-  decidió instalarse en una casona costera cercana a Con-Con, en el Laboratorio de Montemar. Ahí se formaron Ramón Latorre y Cecilia Hidalgo, ambos ganadores del Premio Nacional de Ciencias posteriormente, quienes se han transformado en dos de los investigadores chilenos de más renombre en el área de las ciencias biológicas. Junto con ellos, Francisco Bezanilla, un científico que en su juventud se armó un televisor para poder ver el mundial del 1962, que encontró en la fisiología la fusión perfecta entre la biología y electrónica. Además, los axones gigantes de la jibia atrajeron a Montemar a científicos extranjeros de gran prestigio.

Investigadores en Montemar. De izquierda a derecha: Ramón Latorre, Eduardo Rojas, Cecilia Hidalgo y Francisco Bezanilla.

En Montemar, gracias a la provisión de jibias que les proporcionaban los pescadores de la zona, los científicos comenzaron a estudiar el papel de las proteínas en la transmisión del impulso nervioso. De hecho, Eduardo Rojas y Mario Luxoro fueron los primeros en proponer que eran las proteínas, y no las moléculas de lípidos, las involucradas en el transporte de iones a través de la membrana (Rojas y Luxoro, Nature 1963). Fue también trabajando en Montemar que Francisco Bezanilla y Eduardo Rojas, junto con el científico estadounidense Clay Armstrong, demostraron que los iones de sodio y potasio se mueven a través de canales proteicos diferentes durante la propagación del potencial de acción en el axón (Armstrong y cols., 1973). Cuando había jibias, la jornada de trabajo comenzaba a las ocho de la mañana y no se detenía hasta las dos de la mañana. Fue una época de frenética actividad acompañada de una productividad enorme. Prueba de ello son los papers en Nature y Science, dos de las revistas de ciencia más importantes del mundo, que dan cuenta de los hallazgos de este grupo (ver las referencias al final del post).

A principios de los años 70s pasaron repentinamente dos cosas que cambiaron el destino del laboratorio de Montemar: el golpe militar de 1973 hizo que muchos científicos decidieran irse del país y se redujo el financiamiento a la investigación. Además, de manera misteriosa, las jibias comenzaron a escasear hasta desaparecer por completo. Se sospecha que un cambio en la temperatura de las aguas pudo haber modificado la distribución de las jibias, que se movieron mar adentro, fuera del alcance de los pescadores artesanales. Además, por esa época, la invención de la técnica de patch clamp permitió prescindir de las jibias para muchos de los experimentos fisiológicos.

Debido a la desaparición de las jibias, los científicos debieron cambiar de modelo, pero sin repetir el éxito que habían tenido anteriormente. De a poco el laboratorio de Montemar fue abandonado, hasta quedar completamente desierto en 1990.

El año 2005, Francisco Bezanilla oyó de otro investigador chileno, Miguel Holmgren, que las jibias habían vuelto a las costas de Con-Con. El año 2008, Bezanilla visitó Montemar junto con otros investigadores y volvieron a instalar sus equipos para medir corrientes eléctricas, trabajando en un laboratorio semi-derruido, entre el polvo y muros resquebrajados. Pero no importaba, las jibias habían vuelto.

MICRO-INJECTION OF TRYPSIN INTO AXONS OF SQUID. Rojas E, Luxoro M. Nature (1963) 199:78-9.

INTRACELLULAR PERFUSION OF CHILEAN GIANT SQUID AXONS.TASAKI I, LUXORO M. Science (1964) 145(3638):1313-5.

Electrophysiological studies of chilean squid axons under internal perfusion with sodium-rich media. Tasaki I, Luxoro M, Ruarte A. Science (1965) 150(3698):899-901.

Effect of temperature on resting potential in giant axons of squid. Latorre R, Hidalgo MC. Nature (1969) 221(5184):962-3.

Destruction of sodium conductance inactivation in squid axons perfused with pronase. Armstrong CM, Bezanilla F, Rojas E. J Gen Physiol (1973) 62(4):375-91.

Energy landscape of the reactions governing the Na+ deeply occluded state of the Na+/K+-ATPase in the giant axon of the Humboldt squid. Castillo JP, De Giorgis D, Basilio D, Gadsby DC, Rosenthal JJ, Latorre R, Holmgren M, Bezanilla F. Proc Natl Acad Sci U S A  (2011) 108(51):20556-61.