Una cura mágica para el cáncer

     Jessica Ainscough –editora de una revista juvenil Australiana– fue diagnosticada con un raro y agresivo tipo de cáncer: sarcoma epitelioide. Era el año 2008 y los médicos recomendaron amputar el brazo afectado por el tumor y realizar quimioterapia. Jessica se negó a la cirugía y luego de un tiempo dejó la quimioterapia para comenzar un tratamiento alternativo contra en cáncer, conocido como terapia Gerson. Este tratamiento se basa en la aplicación diaria de enemas de café y en una alimentación mayoritariamente vegetariana y orgánica. Esta terapia alternativa no tiene sustento científico y el Instituto del Cáncer de Estados Unidos ha declarado que no existen datos que respalden su uso como una cura para el cáncer o como una terapia complementaria al tratamiento convencional del cáncer. Jessica Ainscough anunció su decisión de seguir la terapia Gerson a través de un artículo publicado en la misma revista juvenil en la que trabajaba como editora, que llevaba por título “Me estoy curando a mí misma del cáncer de manera natural”. A partir de ese momento Jessica Ainscough se convirtió en una figura destacada en Australia y se autodenominó “The Wellness Warrior”: La Guerrera del Bienestar. Su experiencia con la terapia Gerson atrajo la atención de miles de personas –muchas de ellas con cáncer– incluyendo a su madre, que padecía cáncer de mama y que dejó su tratamiento convencional para seguir esta terapia alternativa. Lamentablemente la madre de Jessica Ainscough murió el año 2013 y la propia Jessica falleció producto del cáncer el 26 de febrero de 2015. Tenía 30 años.

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Jessica Ainscough (Foto de The Guardian)

     Otra historia –bastante impresionante– es la de Belle Gibson, una bloguera Australiana que fue diagnosticada con un tumor cerebral a los 20 años. Tenía un tipo de cáncer muy agresivo y los médicos le habían dado solo cuatro meses de vida. Luego de seguir los tratamientos convencionales por ocho semanas decidió dejarlos y comenzó una terapia alternativa diseñada por ella misma: eliminó el gluten y los productos lácteos de su dieta y comenzó terapias con oxígeno. Contra todo pronóstico logró derrotar al cáncer. Sus seguidores se sintieron inspirados por su historia y rápidamente se hizo muy popular: su página en Facebook acumulaba más de 187.000 “Me Gusta”, mientras que la revista Elle la nombró como “La mujer más inspiradora del año” y Cosmopolitan le dio el “Fun, Fearless Female Award” (Premio a la Mujer Divertida y Valiente). Gibson lanzó una aplicación para iPhone (The Whole Pantry) que contenía sus consejos, recetas y métodos para vencer al cáncer. Esta aplicación tuvo más de 300.000 descargas (a US$3,79 cada una), logrando recaudar más de un millón de dólares. Fue tanto su éxito que Apple decidió pre-instalar esta aplicación en el iWatch, el producto estrella de la compañía para el 2015.

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Belle Gibson: La mujer más inspiradora que conocerás este año

¿Demasiado bueno para ser verdad? Tal cual, era todo un invento: Belle Gibson jamás tuvo cáncer.En una entrevista que ha sido ampliamente difundida, Belle Gibson contó los problemas que ha tenido desde pequeña con las mentiras y pidió perdón. Ganó fama, popularidad y dinero a costa de una farsa. Más aún, es probable que mucha gente haya seguido su método con la esperanza de repetir sus resultados. Es probable que mucha gente haya perdido valiosos años de vida por seguir sus consejos.

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La gran mentira de Bell Gisbson

      Estos casos contrastan fuertemente con el de la diseñadora Emily McDowell (Los Angeles, EEUU) que a los 24 años fue diagnosticada con un linfoma de Hodgkin en etapa tres. Durante nueve duros meses siguió un estricto tratamiento médico basado en quimioterapia y sesiones de radiación. Perdió todo su cabello y estaba muy débil. Sin embargo, logró derrotar al cáncer. Debido a su experiencia enfrentando esta enfermedad, Emily –hoy de 38 años– decidió diseñar lo que ella ha llamado “tarjetas de saludo empáticas”, destinadas a darle ánimo y aliento a quienes padecen cáncer. Lo hizo pues notó que mucha gente no sabía como reaccionar; incluso algunos de sus amigos la evitaban para no tener que lidiar con ese asunto. Una de las tarjetas que Emily diseñó dice: “Siento mucho que estés enferma. Quiero que sepas que nunca trataré de convencerte de que sigas un tratamiento sobre el que leí en Internet”.

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     Los tratamientos alternativos para el cáncer son tremendamente populares. Desde el limón con bicarbonato hasta hojas de alguna planta exótica –que prometen ser “10.000 veces más poderosa que la quimioterapia”– abundan en Internet todo tipo de curas milagrosas para enfermedades que son incurables o de muy difícil tratamiento. Una lección que se puede sacar de estos tres ejemplos es que los tratamientos alternativos no funcionan. Y los que lo hacen, son engaños. No existe ningún tratamiento médico para ninguna condición que sea milagroso. No existe tal cosa como “el secreto mejor guardado”. Tampoco todos los científicos del mundo están confabulados con los grandes laboratorios para ocultar la cura milagrosa y, sin embargo, es muy común toparse con personas que caen en la trampa. Desde el punto de vista de la emoción, es fácil entender que alguien quiera hacer todo lo que esté a su alcance por salvar a un ser querido de una enfermedad mortal, aunque muchas veces la razón nos diga que no puede funcionar.

Porque ¿y si funciona?

     Es esa tenue luz de esperanza la que hace que muchas personas terminen confiando en las terapias alternativas. El gran problema es que en muchas ocasiones abrazar la cura del pensamiento mágico hace que la gente deje su tratamiento convencional. Sabemos que los tratamientos convencionales no siempre pueden curar, pero es lo mejor que tenemos después de años de investigación científica. En este punto es posible anticipar que la cura para algunos tipos de cáncer saldrá de un laboratorio de investigación, no será anunciada por una cadena de mensajes de Facebook y ciertamente no implicará comerse un arco iris.

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