La inteligencia de las plantas

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      Grover Cleveland Backster Jr. (Cleve Backster para los amigos) era un especialista en interrogatorios de la CIA y experto en el manejo del polígrafo. Una día y como de costumbre colocó cuidadosamente los electrodos para empezar un interrogatorio. No tenía preguntas específicas que hacer, lo suyo era algo que sencillamente se le ocurrió de un momento a otro. Era una mañana del mes de febrero de 1966 y Cleve Backster decidió hacer algo que nadie más había hecho: le puso el detector de mentiras a una planta. Más específicamente a una Dracaena que tenía en su oficina.

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“Mi plantita me habló, me dijo cosas…”

Come on baby, light my fire

      ¿Cómo se instalan los electrodos del polígrafo en una planta? Ni idea, nadie lo había hecho, así que el bueno de Cleve decidió probar suerte. Le puso los electrodos del detector de mentiras en una hoja a su Dracaena y, para su asombro, el solo pensar en prenderle fuego a la planta hizo saltar la aguja del polígrafo, dando cuenta de la detección de una corriente eléctrica. ¿Estaba la planta respondiendo angustiada a los pensamientos de Backster? ¿Podía efectivamente esta planta leer su mente? ¿Será que las Dracaenas tienen algo particular –y bastante aterrador– o se trata de una propiedad universal de las plantas? A partir de ese momento nuestro investigador/jardinero le puso el detector de mentiras a lechugas, cebollas, naranjas, plátanos y cuanta fruta y verdura pudo encontrar. Backster reportó que las plantas reaccionaban a sus pensamientos –buenos o malos– incluso cuando se encontraba a gran distancia de ellas. En un experimento particularmente curioso, Backster decidió probar la memoria de las plantas: una planta que había sido testigo del “asesinato” a pisotones de otra planta podía identificar al homicida de entre seis sospechosos a través del registro de una corriente eléctrica cuando el sospechoso se paraba frente a la planta “testigo”.

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“No estoy seguro, pero creo que ese es Keyser Söze”

Backster también reportó que las plantas presentaban aversión a la violencia hacia otras especies, registrando saltos del polígrafo cuando se rompía un huevo en presencia de una planta o cuando un camarón vivo era arrojado en agua hirviendo. Todos estos resultados fueron publicados en el International Journal of Parapsychology. Como imaginarán, los estándares “científicos” del International Journal os Parapsychology no son muy altos. Después de todo, estamos hablando de un Journal que publica artículos sobre precognición, telequinesia y otras actividades paranormales que son propias de relatos fantásticos. Pero como la ciencia no funciona sencillamente por descarte, se decidió repetir los experimentos de Backster: Nadie jamas pudo repetir los resultados descritos por él cuando se hicieron los experimentos en condiciones controladas (es decir, como corresponde), por lo que los “hallazgos” del buen Cleve Backster caen dentro del saco de la superchería (como dato anecdótico, en el mismo número donde Backster publicó sus hallazgos viene un artículo sobre el Mesmerismo). Sin embargo, “El efecto Backster” aparece descrito en el libro “La vida secreta de las plantas” (1973), que recopila una serie de experimentos de dudosa calidad y que propone que las plantas son seres vivos inteligentes y sensibles, capaces de manifestar emociones. El libro es una alegoría a al pensamiento mágico, pero rápidamente la cultura popular lo adoptó.

Neurobiología sin neuronas

      El año 2006 un grupo de seis científicos publicó un controversial manifesto en la revista Trends in Plant Science. Los autores proponían un nuevo campo de investigación que ellos llamaron “neurobiología vegetal” y sugerían que las plantas presentan comportamientos tan complejos que son imposibles de explicar solamente a partir de mecanismos bioquímicos y genéticos. Las plantas son capaces de responder a tantos  estímulos –luz, temperatura, humedad, gravedad, ataque de patógenos, salinidad, estructura del suelo, toxinas, microbios– que, proponían los autores del manifesto, debe existir algún centro de procesamientos de información que cumple un rol similar al del cerebro que permita coordinar e integrar sus respuestas. Un poco antes ya se había efectuado la primera reunión de la Sociedad de Neurobiología Vegetal en Florencia y se editó una nueva revista científica, la que tenía un nombre menos polémico: Plant Signaling & Behavior (Señalización y Comportamiento de Plantas). Sin embargo, otros 36 científicos publicaron una carta en respuesta al manifesto del 2006 en Trends in Plant Science y en la que manifestaban que, al no existir evidencia de neuronas, sinapsis o un cerebro en las plantas, no corresponde hablar de “neurobiología vegetal”. Si bien el manifesto del 2006 solo hablaba de “estructuras homólogas”, el uso del término “neurobiología” causaba escozor en la comunidad de biólogos vegetales. En este punto hay que aclarar que las plantas, igual que los animales, presentan canales iónicos que explican las variaciones de voltaje que es posible observar en las membranas de sus células. No se trata de una propiedad intrínseca de los sistemas neuronales. Para Lincoln Taiz (autor del famoso Taiz de Fisiología Vegetal, libro de cabecera de muchos que pasaron por un curso de fisiología vegetal) el concepto de neurobiología vegetal nace a partir de una sobre-interpretación de los datos y forma parte de una visión antropocéntrica y salvajemente especulativa. Hay que aclarar que los científicos que se han involucrado en esta área no proponen que las plantas tengan sentimientos o puedan leer la mente, como lo que describía Backster en sus experimentos, o que las plantas posean un cerebro como el de los animales. Solo proponen que las plantas pueden integrar y procesar información compleja para generar respuestas apropiadas, algo que puede ser considerado como una manifestación de inteligencia.

Cerebro de nuez

      ¿Qué es la inteligencia? Para Stefano Mancuso, uno de los fundadores de la neurobiología vegetal, las plantas son inteligentes en cuanto pueden resolver problemas; su inteligencia no se relaciona con la presencia de un cerebro o con la capacidad de manifestar emociones. En ese sentido, la inteligencia de las plantas sería algo similar a la inteligencia colectiva de un grupo de insectos, por ejemplo. Sin embargo, para muchos (me incluyo) la inteligencia consiste en la habilidad de construir un modelo mental del mundo para comprenderlo y no existe ningún sistema –sin importar lo complejo y efectivo que sea– que pueda ser considerado como “inteligente” solamente porque puede resolver problemas. Para Mancuso, la inteligencia de las plantas ha pasado desapercibida por un problema de escala temporal, algo que se le ocurrió a partir de un capítulo de Star Trek en el que seres de otro mundo –y que vivían en una dimensión donde el tiempo transcurría de manera muy rápida– entraban en contacto con la tripulación del Enterprise. Al ver que los seres humanos no se movían llegaban a la conclusión que éramos materia inerte (en este punto recomiendo leer el texto “¿Qué es la vida?, escrito por Francisco Varela y que discuto la primera clase de biología celular con mis estudiantes). Independiente del concepto de inteligencia, sabemos que las plantas deben responder a muchas señales. En ese sentido, las plantas deben ser tremendamente efectivas a la hora de percibir el mundo exterior debido a una propiedad, o más bien a la falta de ella: las plantas no pueden desplazarse. De esta forma, el lema de las plantas es “adaptarse o morir”. Tal vez es esta fuerte presión selectiva la que ha producido respuestas que pueden parecer animales y que (muchas veces) la prensa se ha encargado de exagerar o mal interpretar. Hace un tiempo atrás se publicó un artículo que mostraba que las plantas que “escuchaban” el sonido de una oruga masticando una hoja eran capaces de montar una respuesta de defensa en preparación a un posible ataque.

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“¡No hagas tanto ruido al comer!”

      Otro artículo mostraba como plantas parasíticas eran capaces de encontrar a sus víctimas “oliéndolas”, mientras que plantas carnívoras pueden tragarse a bichos completo en un rápido movimiento al “tocarlos”. ¿Quiere decir estos que las plantas oyen, huelen y sienten? De ninguna manera. La percepción de estímulos físicos puede producirse de maneras diferentes, pero no podemos humanizar este tipo de respuestas. Las plantas pueden percibir señales volátiles y puede determinar desde donde emanan sencillamente por un gradiente de concentración y en base a esa información pueden re-dirigir su crecimiento. Alguien podría considerar a esa respuesta como un reflejo de la “inteligencia”. Sin embargo, un glóbulo blanco hace exactamente lo mismo para atrapar una bacteria y no por eso lo consideramos inteligente.

      Algunos científicos han manifestado de manera bastante tajante su opinión al respecto (un científico solo dijo “bullshit” cuando le preguntaron su opinión sobre unos experimentos que proponían la existencia de memoria en las plantas). Lo cierto es que las plantas son seres vivos versátiles y con una enorme capacidad de percibir estímulos ambientales y responder a ellos, lo que ninguna manera quiere decir que tengan sentimientos o manifiesten emociones. Esto no es trivial: hace poco se debatió en Suiza una ley que reconocía la “dignidad de las plantas”, lo que afectaba no solo a la investigación científica, sino que también a otras áreas, como la cocina. Después de todo, millones de vegetales son asesinados hirviéndolos vivos, apuñalándolos o desollándolos. Piensen eso la próxima vez que coman brócoli, corten una manzana o pelen una piña.

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5 comentarios sobre “La inteligencia de las plantas

  1. Desde acá miramos a los suizos como “tan adelantados”…pero cuando vi lo de esa ley en que hablaban de la dignidad de las plantas….se me cayeron del pedestal….Claro que desde hace tiempo hay quien les pone música a los invernaderos….no sé si para el agricultor que está ahí desmalezando, o para los tomates….

  2. ¿Qué opinas de los argumentos de Stefano Mancuso?, autor de ”Brilliant Green: The Surprising History and Science of Plant Intelligence”, y expositor de esta charla TEDx https://www.ted.com/talks/stefano_mancuso_the_roots_of_plant_intelligence?language=es en la cual postula todo lo contrario a lo que expones en esta columna, es decir, que las plantas si ”piensan”, que incluso son ”altruistas”, o ”tienen más sentidos que nosotros”, y tantas otras cosas, que en lo personal me parecen descabelladas…

    1. Hola Fabián. He leído algunas de las opiniones de Mancuso y son solo eso: opiniones. No existe evidencia que indique que las plantas son inteligentes. Como menciono en el post, una parte importante del problema aquí es qué vamos a definir como “inteligencia” o “pensar”. Según propone Mancuso, las plantas pensarían pues perciben e integran señales y a partir de esas señales generan respuestas que permiten adaptarse mejor. En mis libros eso no es ni por lejos “pensar” o define a un ser vivo “inteligente”. Creo que el afán por humanizar ciertas respuestas ha generado este tipo de visiones con respecto a la forma en la que las plantas perciben y responden a los estímulos del ambiente. Un abrazo y gracias por leer y comentar.

  3. me quedo con que las plantas son mas compleajs de lo que creiamos y por ende hay que ser mas cuidadoso al intervenir sistemas ecológicos o destruir bosques.

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